Más de 30 jóvenes de entre 18 y 35 años, acompañados por los jesuitas Pau Vidal, Roger Torres, Alexis Bueno y Rober Quirós y por la religiosa de la Consolación Thais Mor, se reunieron en Manresa el viernes 30 de enero en el primer encuentro de jóvenes vinculados a la Plataforma Apostólica de Cataluña de la Compañía de Jesús. Procedentes de centros de esplai (JEL), grupos MAGIS, entidades sociales, escuelas y universidades, y llegados de Lleida, Sant Cugat, L’Hospitalet, Badalona y Barcelona, los participantes valoraron especialmente la posibilidad de encontrarse de manera intersectorial y territorial, más allá de los espacios propios habituales. La convocatoria tuvo muy buena acogida desde el primer momento, como una oportunidad para reconocerse entre jóvenes de realidades diversas y, además, para poder sumarse al día siguiente a la Asamblea de la Plataforma junto con el resto de participantes.
El encuentro de jóvenes se enmarcó en dos horizontes. Por un lado, la concreción del nuevo Proyecto Apostólico de la Compañía de Jesús, que invita a articularse y a caminar con una mirada más compartida. Por otro, la conmemoración de los 500 años de la estancia de san Ignacio en Barcelona (1524-1526) tras su paso por Manresa: una memoria que recuerda el inicio de una “manera nueva” de vivir la fe, cuando Ignacio reconoce que “Dios le trataba como un maestro de escuela trata a un niño al que enseña” (Au 27). Desde ahí, el grupo reflexionó sobre qué significa “vivir a la ignaciana” cinco siglos después, sintiéndose herederos de una historia más grande.
El hilo conductor fue una propuesta sencilla: releer la vida y la misión desde cinco verbos ignacianos —ayudar, agradecer, contemplar, elegir y resistir—, extraídos del Cuaderno 54 de EIDES de Darío Mollà (Horizontes de vida: vivir a la ignaciana). Esta dinámica permitió poner palabras a aquello que muchos viven y buscan.
A la hora de compartirlo surgieron preguntas e inquietudes diversas: ¿cómo resuenan los cinco verbos en cada uno? ¿cuál es nuestra misión? ¿nos sentimos comunidad y cómo podemos ser comunidad? Se insistió en que la llamada es personal: “Dios reconoce a cada uno por su nombre”, y que los verbos unen, pero no uniformizan; abren caminos diversos dentro de una misma espiritualidad.
Cabe destacar que la palabra comunidad apareció como una necesidad real, valorando que cada comunidad local tiene sentido porque forma parte de un tejido más amplio. Así, el encuentro ayudó a tomar conciencia de que hay muchas otras comunidades y realidades, y que eso sostiene cuando hay desolación. También se expresó el deseo de cuidar los vínculos.
Al hablar de misión, surgió una tensión fecunda: no se trata solo de “hacer encuentros y acciones”, pero tampoco de quedarse en ideas. En este horizonte, aparecieron también las fronteras como lugar concreto donde la vida se juega y donde es necesario estar presentes.
El ambiente del encuentro fue uno de los elementos más valorados: las comidas, las conversaciones improvisadas… y los ratos de oración, especialmente en la Cueva, recordando la vida de Ignacio y la importancia que este lugar tuvo para él y para tantas personas a lo largo de la historia.