La Pascua Joven Claver 2026 reúne a más de 150 personas en Raimat

Después de cuatro días intensos de convivencia, oración y celebración en Raimat, la Pascua Joven Claver 2026 terminó el pasado domingo con un balance muy positivo. Bajo el lema Libres para servir, amar y vivir, esta edición ha reunido a 156 personas —119 participantes y 37 miembros del equipo de monitores y comisiones— en una propuesta que sigue consolidándose como una de las experiencias de referencia de la pastoral juvenil ignaciana en Cataluña.

Una de las ideas que más se destaca es la importancia de la comunidad que se genera entre participantes de procedencias diferentes. Aina Roca, que ha participado en el equipo de liturgia, señala que la Pascua Joven ha sido “muy vivida” y pone de relieve “la comunidad que se crea” y los vínculos que se establecen entre jóvenes de diversas escuelas, parroquias y comunidades.

Los jóvenes han vivido la Pascua con muchas ganas y alegría, y “como un tiempo para encontrarse, convivir, conocer a personas nuevas y sentir la presencia del Señor durante estos días”.

En el caso de los más jóvenes, Imma Passaret, responsable del grupo de ESO, explica que muchos de los participantes ya se habían conocido el año anterior, lo que ha ayudado a crear un buen clima desde el primer momento. “Han venido jóvenes con intereses muy distintos, pero todos han podido profundizar en sus vidas y vivir el clima de estos días”, señala. En un momento del curso marcado por el cansancio, por los interrogantes sobre el futuro y por muchas incertidumbres, la Pascua se ha vivido también como una pausa necesaria: “Son días de bajar revoluciones y de pasar por el corazón lo esencial”.

Rober Quirós es uno de los siete jesuitas que participaron en la Pascua Joven. Subraya también el buen ambiente con el que se han vivido estos días y pone en valor la labor del equipo de monitores, “que lo ha dado todo para que todo saliera bien”. Los jóvenes han vivido la Pascua con muchas ganas y alegría, y “como un tiempo para encontrarse, convivir, conocer a personas nuevas y sentir la presencia del Señor durante estos días”.

“Los chicos y chicas han conectado mucho, y eso también ha sido posible gracias al cuidado, la entrega y el respeto con que se han preparado las actividades”.

El hilo conductor de este año, conectado con la línea pastoral que también se trabaja en las escuelas de Jesuïtes Educació, ha ayudado a entrar con más facilidad en el sentido del Triduo Pascual. Maria Hernández, responsable del grupo de Postobligatoria, subraya que el lema ya les resultaba familiar y eso ha favorecido la conexión con la propuesta. “Los chicos y chicas han conectado mucho, y eso también ha sido posible gracias al cuidado, la entrega y el respeto con que se han preparado las actividades”, afirma. Hernández destaca especialmente la fuerza de los oficios y de las vigilias, así como el papel de la música, los lenguajes visuales y las dinámicas que ayudan a comprender el sentido de cada jornada.

En este mismo sentido, Quirós destaca la vivencia de las oraciones y el papel de la música, que “ha hecho que las vigilias hayan sido un momento mágico”. También pone en valor el trabajo realizado por el equipo de liturgia y el cuidado en la preparación de las celebraciones. Maria Llobera, participante de MAG+S, que este año ha formado parte del grupo de músicos después de haber participado en ediciones anteriores, considera que esta experiencia le ha permitido vivir la Pascua desde otra perspectiva. Según señala, es importante que la fe “esté acompañada” y que no se reduzca solo a una vivencia emocional, sino que tenga también una base sólida y un recorrido.

Entre los momentos más significativos de esta edición, el equipo destaca el camino de Emaús, una propuesta que, según Imma Passaret, muchos jóvenes recordarán especialmente. “Caminar con un compañero, compartiendo todo lo que se ha removido en su interior durante esos días, en medio de los viñedos, es un regalo”, resume. Maria Llobera coincide en destacar esta actividad como uno de los momentos más relevantes del encuentro. También valora positivamente la participación en la Vigilia Pascual en la parroquia de Lleida, compartida con la comunidad parroquial. Este tipo de experiencias, junto con el hecho de vivir unos días alejados del ritmo habitual, sin pantallas ni tantas distracciones, favorecen un clima que ayuda a aterrizar en uno mismo y en los demás.

Dar continuidad a lo que se vive durante la Pascua es fundamental.

Uno de los aspectos que el equipo subraya con más insistencia es la necesidad de dar continuidad a la experiencia una vez finalizado el encuentro. Arnau Martínez, coordinador de músicos, apunta que el reto es que la Pascua no quede como “algo aislado”, sino que pueda integrarse en procesos ya iniciados, como los itinerarios de confirmación, las experiencias de sentido de las escuelas o espacios comunitarios como las eucaristías del Casal Loiola.

En este sentido, Imma Passaret explica que el último día se trabajó especialmente la pregunta sobre cómo llevar al día a día lo vivido, tanto en gestos concretos como en la importancia de la comunidad y de sentirse acompañado. Maria Hernández añade que, en esta etapa vital, no siempre es fácil traducir en compromisos estables aquello que se ha experimentado intensamente y que, por eso, se proponen espacios y herramientas para que cada joven pueda concretarlo e integrarlo progresivamente. En la misma línea, Rober Quirós recuerda que muchos de los participantes ya continúan en su proceso de fe y que hay que seguir animándolos y acompañándolos. Maria Llobera subraya también que dar continuidad a lo que se vive durante la Pascua es fundamental y que esta experiencia solo cobra sentido si puede aterrizarse en la vida cotidiana. Además, apunta la importancia de vincular este camino al binomio fe-justicia. “La vuelta es importante: hay que mantener la alegría pascual y encontrar espacios para que no se pierda en la vida diaria”, dice Aina Roca.

Pueden descargarse las homilías de las celebraciones aquí:

Jueves Santo

Viernes Santo

Vigilia pascual