Ser puerta abierta: un libro que pone la hospitalidad en el centro de la vida espiritual

El miércoles 26 de febrero, la biblioteca de la segunda planta de la sede de los Jesuitas de Cataluña en Barcelona acogió la presentación del libro Ser puerta abierta. La hospitalidad en el corazón de la espiritualidad, en un acto coorganizado por Migra Studium y Jesuitas Catalunya. El encuentro tomó la forma de una conversación sobre qué significa hoy “vivir con la puerta abierta”, con voces de diversas personas que lo practican.

Publicado en el sello SalTerrae, el libro —firmado por Alberto Ares, Jennifer Gómez y María del Carmen de la Fuente— defiende la hospitalidad como una fuerza capaz de “sanar heridas”, “unir lo que está separado” y tejer fraternidad en una sociedad marcada por el miedo, releyendo sus raíces bíblicas y la tradición cristiana de la acogida con ejemplos concretos y una mirada realista.

El acto comenzó con la bienvenida de Maria Coll, directora de la Fundación Migra Studium, quien conectó la conversación con la experiencia de acogida y hospitalidad que se vive en Migra Studium y en el conjunto de la red de hospitalidad que se ha generado en torno a los Jesuitas en Cataluña. María del Carmen de la Fuente, coautora del libro y coordinadora del sector social de Jesuitas en Cataluña, presentó la obra como el “fruto de una experiencia reflexionada”: una síntesis que nace de lo que se ha ido viviendo. Insistió en que las presentaciones de este libro deben ser necesariamente corales, porque de la hospitalidad no se puede hablar desde una sola mirada, y subrayó una idea clave del libro: está muy bien escribir y pensarla, pero “la hospitalidad es práctica: hay que practicarla”.

En su intervención señaló raíces y frutos de la hospitalidad. Entre las raíces, subrayó que la hospitalidad es un valor intrínseco a la humanidad, presente en tradiciones religiosas y humanistas, y vinculado al instinto de protección de la vida. También la conectó con el relato bíblico de un pueblo en camino y con la convicción de que la hospitalidad se encarna en gestos sencillos y cotidianos.

En cuanto a los frutos, compartió algunos aprendizajes, como constatar que todas y todos llevamos una historia de migración y de extranjería, porque nadie es siempre huésped o anfitrión. Además, la hospitalidad nos reconcilia con nuestra fragilidad, pone de relieve la importancia de los cuidados y nos invita a “dar tiempo” a lo cotidiano —hablar, compartir, escuchar— como camino para construir comunidad y esperanza. En este horizonte, señaló la espiritualidad ignaciana compartida por los autores como un sustrato que inspira y sostiene la resistencia necesaria para perseverar en el deseo de acoger.

La conversación incorporó después la perspectiva de Elisabeth Lheure, colaboradora de AUDIR y miembro de la comunidad bahá’í de Barcelona. Con el paralelismo de las etapas de la vida, describió la hospitalidad como un signo de madurez: el paso del “yo” al “nosotros”. La definió como una forma de servicio y también de oración, y recordó cómo la vida espiritual nos compromete con la transformación social, olvidándonos de nuestro propio beneficio y sirviendo al bien común.

Los testimonios que tomaron la palabra a continuación dieron cuerpo y emoción a las ideas. Abdennasser Boudrikech habló de la hospitalidad como un deber moral aprendido desde pequeño, en Marruecos, donde explicó que es habitual vivir con las puertas abiertas, con la casa preparada para ofrecer lo que se tiene, y agradeció la hospitalidad recibida de la red comunitaria. Pilar Ferriz compartió la experiencia comunitaria de hospitalidad en Sant Feliu de Llobregat y destacó lo que sucede en las conversaciones y las cenas, cuando la acogida genera un espacio inesperadamente transformador. Carmen Juares, de origen hondureño y responsable de la acogida en Migra Studium, destacó la importancia, en el primer acompañamiento, de poner a la persona en el centro, procurando que tanto el espacio como la acogida sean confortables y amables.

Por último, Cheikh Abdoul Khadre Drame, coordinador de la red de hospitalidad de Migra Studium, evocó con cercanía su infancia en Senegal, marcada por las puertas abiertas y la naturalidad de invitar a cualquiera que pase. Explicó el sentido de la palabra teraanga, que expresa hospitalidad y acogida, pero también respeto, generosidad, comunidad y solidaridad, como un valor aprendido en casa y vivido en familia.

La presentación dejó la convicción de que la hospitalidad no es un concepto abstracto, sino una manera concreta de habitar el mundo —con gestos sencillos, en familia y comunidad, y con tiempo— que puede abrir caminos de reconciliación y esperanza.