Veintidós personas han recorrido este mes de octubre el tramo del Camino Ignaciano entre Lleida y Manresa en una nueva edición de los Ejercicios Espirituales en camino. La lluvia persistente de los primeros días ha puesto a prueba al grupo, pero no ha impedido vivir una experiencia que los participantes describen como un tiempo de paz, de encuentro personal y de descubrimiento de los demás. La propuesta ha completado ya su cuarta edición con este formato y se consolida como una iniciativa de la Compañía de Jesús en Cataluña que permite acercar la espiritualidad ignaciana a personas con trayectorias y momentos vitales muy diversos.
La lluvia no dio tregua durante los dos primeros días de camino. Las condiciones meteorológicas añadieron dificultad a un recorrido ya exigente físicamente, pero el buen ánimo con el que el grupo afrontó la situación sorprendió incluso al equipo organizador. Más allá de los kilómetros recorridos, lo que ha dado sentido a estos días ha sido el camino personal de cada uno. Entre las motivaciones de los participantes figuraban el deseo de hacer una pausa en medio de las exigencias cotidianas, la necesidad de tomar distancia ante un momento vital difícil, como la experiencia de un duelo, o la voluntad de encontrar un espacio para revisar los propios afectos y prioridades. También resultaba atractiva la posibilidad de vivir los Ejercicios Espirituales en contacto con la naturaleza, en un entorno distinto de los formatos habituales.
Al finalizar la experiencia, las expectativas se han visto superadas. Las impresiones recogidas expresan, sobre todo, agradecimiento. Alguien lo describe como una sensación de mayor claridad interior, con los sentimientos y las prioridades más ordenados, y con una mirada más serena y optimista sobre su momento vital. También se ha expresado el propósito de proteger estos espacios de conexión y de seguir viviendo el Evangelio en clave personal y comunitaria.
No ha sido fácil. A la lluvia y al cansancio físico se ha sumado el reto de mantener la concentración durante los tramos de camino en silencio. Dificultades que se han superado gracias al cuidado mutuo y a la disponibilidad para servir.
Personas de distintas trayectorias que se encuentran en el camino
Este año han participado veintidós peregrinos de entre 24 y 60 años, acompañados por Dito Rovira y el jesuita Alexis Bueno, que han realizado el recorrido con el grupo. Han contado con el apoyo logístico de Mar Yuste e Isidre Ferraté, quien, a sus 83 años, ha formado parte del equipo que ha hecho posible el desarrollo de la experiencia.
El grupo ha reunido principalmente a educadores y educadoras de las escuelas de Jesuïtes Educació, pero también a profesionales y voluntarios de entidades sociales, miembros de comunidades cristianas y antiguos alumnos. Esta diversidad es uno de los aspectos que más valoran tanto los participantes como el equipo organizador. Personas con experiencias vitales diferentes y distintos grados de vinculación a la fe y a la espiritualidad han compartido una misma propuesta, aportando cada una su propia manera de vivirla.
Una experiencia que se consolida y sigue creando vínculos
El equipo impulsor constata que los Ejercicios Espirituales en camino han encontrado un formato capaz de llegar a personas muy diversas. La combinación de la peregrinación, el contacto con la naturaleza, el acompañamiento y la vida en grupo facilita una primera aproximación a los Ejercicios Espirituales y ofrece un espacio para profundizar en ellos a quienes ya tienen una trayectoria de fe. En este sentido, la propuesta se ha ido consolidando como una puerta de entrada a la espiritualidad ignaciana.
Para la Plataforma Apostólica de los Jesuitas en Cataluña, la continuidad de esta iniciativa tiene, además, un valor que va más allá de cada convocatoria. Los Ejercicios en camino favorecen el conocimiento mutuo entre personas de las distintas instituciones, entidades y comunidades, generan nuevas amistades y fortalecen vínculos que perduran después de la peregrinación.